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Dia Del Trabajo

El origen histórico del 1º de mayo

Una fecha tan importante, política y simbólicamente, para todos los trabajadores debe ser rescatada del olvido y de la deformación que es objeto por parte de la propaganda de los capitalistas. Estos han optado por hablar de "día del trabajo" y no "de los trabajadores" con el objetivo de borrar el carácter político de clase de esta fecha.

En la Argentina fue el peronismo el que se encargó de llevar más a fondo el ataque contra el significado clasista del 1º de mayo. La conmemoración peronista se refería a este día como una "Fiesta del Trabajo y la Unidad Nacional". Es decir, una fiesta y no un día de lucha, del "trabajo" y no de los trabajadores, y en nombre de la "unidad nacional" se desfiguraban hasta disolver las reivindicaciones propias de los trabajadores.

Es importante por ello volver a repasar los hechos que llevaron al establecimiento internacional de este día, para recordar a los militantes obreros asesinados por el enemigo de clase y, sobre todo, para sacar las lecciones de su lucha.

La lucha por las 8 horas y el movimiento revolucionario

Hacia finales del siglo XIX la clase obrera de Europa y Estados Unidos estaba en plena lucha por la reducción del horario de trabajo a 8 horas. Se vivía en esos años el proceso de consolidación del movimiento obrero a partir de los sindicatos y, también el desarrollo del movimiento socialista. Pese a la ruptura entre socialistas marxistas y anarquistas, ambas corrientes tuvieron un fuerte crecimiento en ese período.

En Estados Unidos, a partir de 1873, se habían desarrollado varias asociaciones de trabajadores: la AFL (Federación Americana del Trabajo), de tendencia reformista, y los KL (Caballeros del Trabajo), más izquierdista. Paralelamente, surgió un Partido Obrero Socialista.

Los anarquistas, por su parte, rechazaban la construcción de un partido, pero tenían un excelente trabajo sindical, razón por la cual abandonaron el trabajo en la AFL reformista y formaron su propia organización: el Sindicato Obrero Central, que en 2 años ganó la conducción de los sindicatos más importantes de Chicago. El grupo dirigente de esta tendencia (formado por August Spies, Georg Engel, Samuel Fielden y Albert Parsons) publicaba numerosos periódicos obreros, en inglés, alemán y otras lenguas. El carácter combativo de esta conducción anarquista la hizo muy popular entre los trabajadores de la ciudad, en su mayoría inmigrantes. En la última semana de abril de 1886 movilizaron a más de 25.000 trabajadores.

La reivindicación de las 8 horas tenía amplio apoyo en Chicago. Allí la jornada laboral se extendía desde las 4 de la mañana hasta las 8 de la noche. Aquellos que trabajaban 14 ó 15 horas se consideraban afortunados. El 1º de mayo comenzó una huelga en la ciudad que arrancó con 40.000 trabajadores y llegó hasta 65.000. La adhesión de los trabajadores a la medida no era fácil. Chicago era patrullada constantemente por la policía que, junto con elementos patronales, organizaba provocaciones contra cualquier grupo de trabajadores que, simplemente, pasease por la calle. Al trabajador en huelga le quedaban dos alternativas: o se quedaba refugiado en su casa o andaba en grupo con sus compañeros de trabajo. El espacio de la ciudad era disputado de hecho entre la clase obrera y la burguesía. Donde la clase obrera pudo pesar decisivamente la ciudad en huelga parecía una auténtica fiesta popular.

La masacre de Haymarket

El lunes 3 de mayo un hecho empezaría a torcer el curso de los acontecimientos. En una reunión de 6000 estibadores en huelga, mientras hablaba August Spies, un grupo de 200 trabajadores se separaron del acto con el objetivo de presionar a los rompehuelgas, que en ese momento salían hacia sus casas. Quince minutos después aparecieron más de 200 policías que iniciaron un combate en las calles que terminó con 4 obreros muertos y muchísimos heridos.

Spies y sus compañeros llamaron a una manifestación para el día siguiente en la plaza Haymarket, en el sur de Chicago. A la concentración fueron más de 3000 trabajadores y concurrió el alcalde de la ciudad, con la intención de garantizar la calma. El alcalde se retiró cuando hablaba el último orador, Fielden, e inmediatamente después la policía, comandada por el inspector John Blonfield (odiado por los obreros de la ciudad por su brutalidad represiva) irrumpió en la reunión con 180 policías. Fielden intentó detenerlos alegando que era una reunión pacífica. Estaba parlamentando con los jefes cuando alguien arrojó una bomba contra los policías, hiriendo a 66 (7 de los cuales murieron). La policía disparó contra la multitud matando a varias personas e hiriendo a 200. La zona se volvió un infierno, las farmacias se llenaban de gente herida. A este episodio se lo llamó la "masacre de Haymarket".

Nunca se aclaró quién arrojó la bomba. La hipótesis más fuerte es atribuirla a una provocación policial. Lo trasparente fue el curso posterior de los hechos. La patronal y la prensa a su servicio salieron a hacer una campaña contra los "anarquistas extranjeros que quieren destruir América". El grupo dirigente del Sindicato Obrero Central estuvo inmediatamente sentado en el banquillo de los acusados. August Spies, Michael Schwab, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg, Albert Parsons, Samuel Fielden y Oscar Neebe fueron sometidos a juicio.

La elección de los acusados fue política. Dos de ellos ni siquiera estuvieron en la manifestación de Haymarket, otros se habían retirado antes de la refriega. Lo que estaba en juicio eran las ideas políticas de estos militantes, cosa que fue dicha explícitamente por la acusación en varios tramos del juicio, plagado de vicios legales, falta de garantías, testigos falsos y demás catálogo de violencias y trampas a que fueron sometidos los compañeros. La índole fraudulenta del juicio fue tan evidente que, aun en medio de una ensordecedora campaña nacionalista contra los "terroristas extranjeros", el jurado no se atrevió a condenar a muerte a todos los acusados, como era la intención primera de los organizadores políticos del juicio.

El 11 de noviembre de 1887 Spies, Engel, Fischer y Parsons fueron ahorcados. Unos días antes Louis Lingg se había quitado la vida en su celda. A partir de ese momento fueron conocidos como los "mártires de Chicago" y reivindicados como héroes de la clase trabajadora internacional durante muchos años. En su funeral desfilaron más de 25.000 trabajadores.

Los otros compañeros (Fielden, Schwab y Neebe) pasaron largos años en prisión hasta que el peso de las mentiras acumuladas obligó a una revisión del proceso que concluyó con la libertad de los tres sobrevivientes.

Primera acción obrera internacional

El impacto internacional que tuvo el juicio a los "mártires de Chicago" duró muchos años. Hacia 1889, en la Reunión Obrera Internacional convocada en París (en la que confluyeron socialistas y anarquistas de varios países) se resolvió organizar "una gran manifestación en fecha fija, de tal manera que simultáneamente en todos los países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabajadores pedirán a las autoridades oficiales la reducción, mediante una ley, de la jornada de trabajo a 8 horas y que se lleven a efecto las demás resoluciones del Congreso de París". La fecha escogida fue el 1º de mayo de 1890 para coincidir con el día en que los sindicatos norteamericanos habían resuelto retomar la lucha por las 8 horas y que conmemoraba el inicio de la huelga que terminó con la condena y asesinato de Spies y sus compañeros.

El Congreso de París logró coordinar la realización de esta primera manifestación de 1º de mayo en todo el mundo. La clase trabajadora de la mayoría de los países adhirió y participó en esta acción internacional. A pesar de que recién comenzaba a organizarse, la clase trabajadora argentina también participó de esa jornada. La mayor parte de los pequeños talleres industriales de Buenos Aires cesaron sus actividades. A las 2 de la tarde, más de 3000 trabajadores se concentraron en el Prado Español (Recoleta) con las consignas "¡Viva el 1º de mayo! ¡Viva la emancipación social!". También se realizaron pequeños actos en La Plata, Chivilcoy, Lobos, Rosario, 25 de Mayo, Pergamino y otras ciudades del interior.

Recordar hechos como éstos es valioso en el actual período que vivimos, en que vemos una internacionalización del capital cada vez mayor, y que plantea para la clase trabajadora una lucha también internacional. Conocer la historia de los "mártires de Chicago" también es valioso para comprender que existe una tradición profundamente internacionalista de las luchas obreras, que ha querido ser borrada por la socialdemocracia, el stalinismo y, en la Argentina, el peronismo. Reencontrarse con esta historia y aprender de sus lecciones es imprescindible para enfrentar el futuro.

Isidoro Cruz Bernal

Después del acto unitario del 1º de mayo, varios compañeros nos pidieron detalles acerca del origen de la conmemoración del día internacional de los trabajadores. Una fecha tan importante, política y simbólicamente, para todos los trabajadores debe ser rescatada del olvido y de la deformación que es objeto por parte de la propaganda de los capitalistas. Estos han optado por hablar de "día del trabajo" y no "de los trabajadores" con el objetivo de borrar el carácter político de clase de esta fecha.

En la Argentina fue el peronismo el que se encargó de llevar más a fondo el ataque contra el significado clasista del 1º de mayo. La conmemoración peronista se refería a este día como una "Fiesta del Trabajo y la Unidad Nacional". Es decir, una fiesta y no un día de lucha, del "trabajo" y no de los trabajadores, y en nombre de la "unidad nacional" se desfiguraban hasta disolver las reivindicaciones propias de los trabajadores.

Es importante por ello volver a repasar los hechos que llevaron al establecimiento internacional de este día, para recordar a los militantes obreros asesinados por el enemigo de clase y, sobre todo, para sacar las lecciones de su lucha.

La lucha por las 8 horas y el movimiento revolucionario

Hacia finales del siglo XIX la clase obrera de Europa y Estados Unidos estaba en plena lucha por la reducción del horario de trabajo a 8 horas. Se vivía en esos años el proceso de consolidación del movimiento obrero a partir de los sindicatos y, también el desarrollo del movimiento socialista. Pese a la ruptura entre socialistas marxistas y anarquistas, ambas corrientes tuvieron un fuerte crecimiento en ese período.

En Estados Unidos, a partir de 1873, se habían desarrollado varias asociaciones de trabajadores: la AFL (Federación Americana del Trabajo), de tendencia reformista, y los KL (Caballeros del Trabajo), más izquierdista. Paralelamente, surgió un Partido Obrero Socialista.

Los anarquistas, por su parte, rechazaban la construcción de un partido, pero tenían un excelente trabajo sindical, razón por la cual abandonaron el trabajo en la AFL reformista y formaron su propia organización: el Sindicato Obrero Central, que en 2 años ganó la conducción de los sindicatos más importantes de Chicago. El grupo dirigente de esta tendencia (formado por August Spies, Georg Engel, Samuel Fielden y Albert Parsons) publicaba numerosos periódicos obreros, en inglés, alemán y otras lenguas. El carácter combativo de esta conducción anarquista la hizo muy popular entre los trabajadores de la ciudad, en su mayoría inmigrantes. En la última semana de abril de 1886 movilizaron a más de 25.000 trabajadores.

La reivindicación de las 8 horas tenía amplio apoyo en Chicago. Allí la jornada laboral se extendía desde las 4 de la mañana hasta las 8 de la noche. Aquellos que trabajaban 14 ó 15 horas se consideraban afortunados. El 1º de mayo comenzó una huelga en la ciudad que arrancó con 40.000 trabajadores y llegó hasta 65.000. La adhesión de los trabajadores a la medida no era fácil. Chicago era patrullada constantemente por la policía que, junto con elementos patronales, organizaba provocaciones contra cualquier grupo de trabajadores que, simplemente, pasease por la calle. Al trabajador en huelga le quedaban dos alternativas: o se quedaba refugiado en su casa o andaba en grupo con sus compañeros de trabajo. El espacio de la ciudad era disputado de hecho entre la clase obrera y la burguesía. Donde la clase obrera pudo pesar decisivamente la ciudad en huelga parecía una auténtica fiesta popular.

La masacre de Haymarket

El lunes 3 de mayo un hecho empezaría a torcer el curso de los acontecimientos. En una reunión de 6000 estibadores en huelga, mientras hablaba August Spies, un grupo de 200 trabajadores se separaron del acto con el objetivo de presionar a los rompehuelgas, que en ese momento salían hacia sus casas. Quince minutos después aparecieron más de 200 policías que iniciaron un combate en las calles que terminó con 4 obreros muertos y muchísimos heridos.

Spies y sus compañeros llamaron a una manifestación para el día siguiente en la plaza Haymarket, en el sur de Chicago. A la concentración fueron más de 3000 trabajadores y concurrió el alcalde de la ciudad, con la intención de garantizar la calma. El alcalde se retiró cuando hablaba el último orador, Fielden, e inmediatamente después la policía, comandada por el inspector John Blonfield (odiado por los obreros de la ciudad por su brutalidad represiva) irrumpió en la reunión con 180 policías. Fielden intentó detenerlos alegando que era una reunión pacífica. Estaba parlamentando con los jefes cuando alguien arrojó una bomba contra los policías, hiriendo a 66 (7 de los cuales murieron). La policía disparó contra la multitud matando a varias personas e hiriendo a 200. La zona se volvió un infierno, las farmacias se llenaban de gente herida. A este episodio se lo llamó la "masacre de Haymarket".

Nunca se aclaró quién arrojó la bomba. La hipótesis más fuerte es atribuirla a una provocación policial. Lo trasparente fue el curso posterior de los hechos. La patronal y la prensa a su servicio salieron a hacer una campaña contra los "anarquistas extranjeros que quieren destruir América". El grupo dirigente del Sindicato Obrero Central estuvo inmediatamente sentado en el banquillo de los acusados. August Spies, Michael Schwab, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg, Albert Parsons, Samuel Fielden y Oscar Neebe fueron sometidos a juicio.

La elección de los acusados fue política. Dos de ellos ni siquiera estuvieron en la manifestación de Haymarket, otros se habían retirado antes de la refriega. Lo que estaba en juicio eran las ideas políticas de estos militantes, cosa que fue dicha explícitamente por la acusación en varios tramos del juicio, plagado de vicios legales, falta de garantías, testigos falsos y demás catálogo de violencias y trampas a que fueron sometidos los compañeros. La índole fraudulenta del juicio fue tan evidente que, aun en medio de una ensordecedora campaña nacionalista contra los "terroristas extranjeros", el jurado no se atrevió a condenar a muerte a todos los acusados, como era la intención primera de los organizadores políticos del juicio.

El 11 de noviembre de 1887 Spies, Engel, Fischer y Parsons fueron ahorcados. Unos días antes Louis Lingg se había quitado la vida en su celda. A partir de ese momento fueron conocidos como los "mártires de Chicago" y reivindicados como héroes de la clase trabajadora internacional durante muchos años. En su funeral desfilaron más de 25.000 trabajadores.

Los otros compañeros (Fielden, Schwab y Neebe) pasaron largos años en prisión hasta que el peso de las mentiras acumuladas obligó a una revisión del proceso que concluyó con la libertad de los tres sobrevivientes.

Primera acción obrera internacional

El impacto internacional que tuvo el juicio a los "mártires de Chicago" duró muchos años. Hacia 1889, en la Reunión Obrera Internacional convocada en París (en la que confluyeron socialistas y anarquistas de varios países) se resolvió organizar "una gran manifestación en fecha fija, de tal manera que simultáneamente en todos los países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabajadores pedirán a las autoridades oficiales la reducción, mediante una ley, de la jornada de trabajo a 8 horas y que se lleven a efecto las demás resoluciones del Congreso de París". La fecha escogida fue el 1º de mayo de 1890 para coincidir con el día en que los sindicatos norteamericanos habían resuelto retomar la lucha por las 8 horas y que conmemoraba el inicio de la huelga que terminó con la condena y asesinato de Spies y sus compañeros.

El Congreso de París logró coordinar la realización de esta primera manifestación de 1º de mayo en todo el mundo. La clase trabajadora de la mayoría de los países adhirió y participó en esta acción internacional. A pesar de que recién comenzaba a organizarse, la clase trabajadora argentina también participó de esa jornada. La mayor parte de los pequeños talleres industriales de Buenos Aires cesaron sus actividades. A las 2 de la tarde, más de 3000 trabajadores se concentraron en el Prado Español (Recoleta) con las consignas "¡Viva el 1º de mayo! ¡Viva la emancipación social!". También se realizaron pequeños actos en La Plata, Chivilcoy, Lobos, Rosario, 25 de Mayo, Pergamino y otras ciudades del interior.

Recordar hechos como éstos es valioso en el actual período que vivimos, en que vemos una internacionalización del capital cada vez mayor, y que plantea para la clase trabajadora una lucha también internacional. Conocer la historia de los "mártires de Chicago" también es valioso para comprender que existe una tradición profundamente internacionalista de las luchas obreras, que ha querido ser borrada por la socialdemocracia, el stalinismo y, en la Argentina, el peronismo. Reencontrarse con esta historia y aprender de sus lecciones es imprescindible para enfrentar el futuro.

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