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La Prostitución Infantil

Se calcula que en todo el mundo más de un millón de niños y niñas se ven obligados a prostituirse cada año; se les compra y vende con fines sexuales o se les emplea en la industria de la pornografía infantil. Es una industria multimillonaria donde los niños ingresan por la fuerza o mediante engaños, se les priva de sus derechos, de su dignidad y de su infancia. La explotación sexual comercial condena a los niños a una de las formas más peligrosas de trabajo infantil, amenaza su salud mental y física, y atenta contra todos los aspectos de su desarrollo.

¿Qué es la explotación sexual comercial de los niños?

La Convención sobre los Derechos del Niño define como niño a toda persona menor de 18 años, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, alcance antes la mayoría de edad. La explotación sexual comercial de los niños es el empleo de los chicos con fines comerciales de índole sexual por una remuneración u otra contraprestación entre el niño o la niña, el cliente, el intermediario o agente y otros que lucren con la trata de niños para esos fines.

Formas de Explotación Sexual Comercial Infantil

Existen tres formas que han sido definidas por las Naciones Unidas de la siguiente manera:

1) Prostitución infantil: "La acción de contratar u ofrecer los servicios de un niño para realizar actos sexuales a cambio de dinero u otra contraprestación con esa misma persona u otra" (Documento A/50/46).
2) La trata y la venta de niños con fines sexuales dentro de un mismo país o entre países: la Convención suplementaria sobre la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas de la esclavitud de 1956 define la venta de niños como la transferencia de un niño de una parte a la otra con cualquier propósito a cambio de compensación financiera o de otro tipo.
3) Pornografía infantil: "la representación visual de un menor de 18 años en un acto sexual explícito, real o simulado, o en la exhibición obscena de los órganos genitales, para el placer sexual de un usuario".

En América Latina cerca de 34 millones de niños viven en la calle en situación de extrema pobreza, que lleva fácilmente a la explotación sexual. En Brasilia, el 70% de los estupros practicados contra niños y adolescentes ocurren dentro del ambiente familiar; el 40 % de las víctimas son menores de 18 años. En las regiones que sobreviven del turismo como en el caso de las ciudades del nordeste (Río Negro y Foz de Iguazú) los extranjeros prefieren pagar un alto precio por niñas de poca edad, preferiblemente vírgenes, por miedo al contagio del virus del SIDA. En una investigación realizada por UNICEF, se señala que más de 200 brasileñas (65 % menores de 18 años) son prostitutas en Ciudad del Este, en Paraguay. Según este mismo informe, en los municipios de la región, el número de niñas prostituídas menores de 16 años se acerca a las 1500. Se presume que estos actos no son cometidos por extraños; en la mayor parte de los casos son tíos, padrastros, padres, vecinos; en definitiva, personas allegadas a la familia.
Este tipo de maltrato se ve en todas las clases sociales, aún cuando casi siempre llegan a conocimiento público sólo los abusos ocurridos en sectores con mayor índice de pobreza, justamente porque el abusador es más vulnerable.
Las importantes desigualdades en la distribución del ingreso e incluso en el propio gasto público, respecto de los montos destinados a salud, vivienda, educación, etc., afectan directamente a la niñez y juventud y una de sus consecuencias es la existencia de redes de turismo sexual y de venta de niños.
Aunque la vasta mayoría de las víctimas de la explotación son niñas, esta forma de abuso afecta a un número cada vez mayor de niños. Por lo general se trata de niños provenientes de familias pobres, tanto de las zonas urbanas como rurales. En su mayoría tienen entre 14 y 18 años, aunque hay pruebas de que en algunos países el temor al SIDA ha generado una demanda mayor de niñas cada vez más jóvenes. Estos niños ingresan al mundo del comercio sexual mediante el secuestro, el engaño o la venta; o puede tratarse también de prófugos de sus hogares o de niños que se prostituyen por su propia iniciativa para poder sobrevivir, para mejorar su nivel de vida o para adquirir bienes de consumo.
 

"No existen niñas prostitutas, lo que existen son niñas prostituidas"

Red Peruana contra la Pornografía Infantil

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La prostitución como estrategia de la supervivencia de los sectores más pobres, no puede ser considerada como una opción de vida, sino como una forma de esclavitud.
Existen otras formas de prostitución que no están directamente relacionadas con las situaciones de exclusión socio-económica, sino más bien determinadas por elementos como el consumismo y la presión de ‘tener éxito’.
El niño en estas condiciones de vida en la calle o en el medio de prostitución, genera mecanismos de adaptación que afectan su posterior inserción en otros ámbitos. La violencia en este medio determina la creación de lazos solidarios con sus pares, pero también el deterioro de su autoestima.
Los efectos negativos de la explotación sexual sobre los niños son profundos y, con frecuencia, de carácter permanente. A los que sobreviven, y debe tenerse en cuenta que algunos niños no salen con vida de esa ‘vida’, la experiencia puede causarles daños físicos y mentales irreparables. Las jóvenes víctimas, que frecuentemente no reciben la protección jurídica adecuada, son tratadas como criminales a quienes no les queda más remedio que volver a ingresar al círculo vicioso de abuso y explotación en niveles cada vez más elevados de riesgo personal.
Es necesario que la explotación sexual de los niños sea analizada, comprendida y combatida en el contexto social en que ocurre.

¿A quién o quiénes culpar?

Es tentador responsabilizar, de este complejo problema, exclusivamente a las organizaciones delictivas, considerar que sólo los proxenetas y aquellos que participan directamente en los actos sexuales son los explotadores, o menospreciar a las víctimas acusándolas de promiscuidad o irresponsabilidad sexual, y la verdad es que ningún sector de la sociedad puede desentenderse de la responsabilidad de la explotación sexual de los niños.
Las causas de la explotación son diversas y de no fácil solución. La desigualdad económica y la creciente brecha social entre ricos y pobres, la migración y la urbanización a gran escala, y la desintegración familiar son algunas de sus causas. Aquí también influyen valores culturales históricos y permanentes presentes en la sociedad, muchos de los cuales son discriminatorios contra las niñas y las mujeres. Del mismo modo, el deseo desmedido de bienes y valores materiales, promovidos e incentivados por los medios de comunicación y la publicidad comercial, genera el deterioro de los sistemas de apoyo culturales y comunitarios tradicionales.
La ignorancia y la falta de programas serios en materia de educación sexual también desempeñan un papel en la explotación sexual de los niños.

El papel de la familia frente a la explotación sexual infantil

Las familias son los primeros cuidadores, educadores y protectores de la niñez y sus derechos. Los valores familiares son esenciales para la percepción que el niño tiene de si mismo y del mundo que le rodea. Cuando, por cualquier razón, la familia no puede cumplir estas obligaciones, empieza a quebrarse la primera línea de defensa del niño y la niña contra un mundo inseguro e incomprensible.
Las investigaciones han comprobado, a escala mundial, una fuerte correlación entre los abusos familiares sobre los niños, especialmente sobre las niñas, y la incitación a participar en el comercio sexual. La madre, en particular, juega un papel fundamental en las decisiones de su hija.
Las extensas pruebas de la participación de la familia en la explotación sexual directa de los niños es un hecho inquietante pero quizá no resulta sorprendente, dada las pesadas cargas y las graves inequidades y dificultades en que viven muchas familias. Son portadoras de pobreza y desesperanza, y de valores heredados y recientes que consideran a los niños como una propiedad y por lo tanto como una fuente de sostén económico; las familias transmiten estos valores y sus consecuencias a sus hijos.
Muy a menudo, los padres que venden a sus hijos en el comercio sexual, lo hacen sin pleno conocimiento. Les dicen, y se lo creen, que sus hijos va a realizar servicios domésticos o cualquier otra forma de trabajo o van a casarse. Otros venden a sus hijos plenamente conscientes al comercio sexual, aunque no siempre reconocen las consecuencias de dicha actividad. Algunas familias de Asia que tradicionalmente deseaban tener hijos varones para que trabajaran con la familia, ahora esperan tener niñas para vender, ya que sus posibles ingresos son mayores.
Pero no todas las familias pobres venden a sus hijos; lo que impulsa a una familia pobre a la venta de un hijo es lo que se ha llamado ‘la pobreza más la falta de opciones’. Con frecuencia, esto supone que la familia pobre tiene que hacer frente al desempleo, la emigración forzosa, la estigmatización por la comunidad, la dependencia de estupefacientes o las crecientes expectativas por el contacto con el consumismo.
Algunas veces el niño o la niña son vendidos en el comercio sexual por progenitores que han realizado abusos sexuales o de otro tipo a sus propios hijos. El niño o niña es considerado entonces como ‘disponible’ para el comercio sexual y capaz de ganar dinero para la familia. El pago o “préstamo” de dinero a los padres por un tercero sitúa al niño o niña en una situación de ‘esclavitud deudora’ en la cual estos se ven forzados a mantener relaciones sexuales comerciales para devolver la deuda de la familia al explotador.

Impacto en los niños

El impacto de la explotación sexual sobre los niños es enorme, pues supone una pérdida de su infancia, su dignidad y a menudo su futuro. Estos no son costos cuantificables pero algunas de sus consecuencias son fácilmente medibles.
El más obvio de estos efectos es sobre la salud del niño. El VIF/SIDA es a la vez causa y consecuencia de la explotación sexual de los niños.
En algunas partes del mundo, las niñas son elegidas preferentemente para tener relaciones sexuales por la falsa creencia de que éstas son más ‘seguras’. Se piensa que tener relaciones sexuales con niños protege al cliente contra el SIDA porque es más probable que estén sanos y que hayan tenido menos parejas sexuales.
La verdad es precisamente lo contrario. Debido a su vulnerabilidad y debilidad, los niños prostituídos son forzados a menudo a tener relaciones con más clientes de los que podría aceptar un adulto, y tienen generalmente menos poder para pedir al cliente que utilice un preservativo. Además, los niños son físicamente más vulnerables a la infección, no sólo porque pueden tener lesiones internas más fácilmente, son a menudo tratados con violencia por sus clientes, sino también porque sus jóvenes membranas son más porosas.
La niña ‘virgen’ es percibida como la ‘apuesta más segura’. La cirugía plástica es una práctica común para vender a niñas explotadas sexualmente, como si fueran vírgenes.
Estos niños son desposeídos de su infancia y del esparcimiento durante los años formativos. Esta privación deja marcas que pueden tardar años en desaparecer. Los niños pierden confianza en los demás, particularmente en los adultos, y se quedan a merced de otros tipos de explotación. Pierden la autoestima y la dignidad y pueden desarrollar toda una gama de síntomas de tensiones post traumáticas tales como la depresión, la agresión y la violencia, pérdida de su autocontrol e inclinación a la auto mutilación. Es frecuente que terminen suicidándose.
Hay consecuencias físicas de larga duración. No sólo el maltrato, la golpiza, la tortura, quemaduras, privación de alimentos, de aire y luz y libertad de movimiento, sino que también se ven expuestos a infecciones renales, cáncer cervical, embarazos precoces y continuados y enfermedades de transmisión sexual. Del mismo modo, diversos estudios demuestran altos niveles de consumo de estupefacientes en quienes son víctimas de explotación. En la mayoría de casos, estas drogas son utilizadas para mantener a los niños sometidos a la prostitución. También suelen ser consumidos como medicamentos auto prescriptos para paliar el hambre y la desesperanza.

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Algunos datos para tenerlos en cuenta

 

Para tener una idea más aproximada del terrible problema de la explotación sexual de los niños, se deben tener en cuenta algunos datos.

  • El comercio sexual alcanza una cifra de miles de millones de dólares, y cada año cerca de un millón de niños son utilizados en este tráfico.
  • La edad media de las víctima de explotación sexual es entre 13 y 18 años, pero hay indicios de que niños muy jóvenes, incluso bebés, están atrapados en este terrible comercio.
  • El Consejo de Europa comenzó a reunir datos a finales de los años ’80 y en un informe presentado al mismo, se estimó que sólo en París unos cinco mil niños y tres mil niñas trabajaban en las calles, aunque esta cifra fue luego cuestionada. La organización Defence of the Child International ha estimado que mil niñas y niños trabajan como prostitutas en los Países Bajos.
  • En Asia los datos son más completos debido al trabajo de diversos grupos que actúan contra la explotación sexual de los niños. En 1991, un estudio realizado por India Today situó el número de niños prostituídos en la India entre 400 mil y 500 mil. Las estimaciones sobre la industria sexual infantil en Tailandia varía entre los 80 mil y los 800 mil niños; esta última cifra proviene del Centro para la Protección de los Derechos del Niño, que ha realizado trabajo de campo durante 18 años.
  • En Sri Lanka, se sabe que la industria del sexo ha llegado a alcanzar una cifra de 20 mil niñas y niños. El problema de las niñas que son raptadas en Nepal y transportadas a través de la frontera hasta la India es particularmente agudo.
  • Una encuesta realizada recientemente en la República Dominicana estimó que había unos 25.400 menores involucrados en la prostitución. En junio de 2004, un estudio en Colombia, calculó que sólo en la capital Bogotá, seis mil menores de edad son prostituidos.
  • En muchas partes de Sudamérica y Centroamérica, el problema de los chicos de la calle que se prostituyen está ampliamente documentado.
  • Argentina es uno de los países que menos estadísticas posee, acentuado además por el abandono por parte del Estado de las medidas de apoyo social hacia la niñez.
  • Los datos de África son escasos pero muchas de las condiciones relacionadas con este problema, están allí presentes: pobreza, desintegración familiar y guerras. Las familias se separan, se exponen a las mujeres y a los niños a abusos extensos y sistemáticos. Algunos de estos factores: desigualdades económicas, disfunciones familiares, aislamiento, carencias de estructuras de apoyo, abusos y ruptura de los valores éticos, también están presentes en la explotación sexual de los niños de los países desarrollados. El abuso de consumo de drogas también desempeña un papel importante, ya que los niños y sus explotadores tratan de ganar dinero para sostener su adicción, mediante el comercio sexual.
  • Es conocida la existencia de un número creciente de niños explotados sexualmente en las calles de Nueva York, Londres y Sidney.

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