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Navidad

La Fiesta de Navidad y sus elementos tienen orígenes interesantes que conveniente conocer. En primer lugar tenemos que decir que los primeros cristianos estuvieron tan contentos por la resurrección de Cristo que durante mucho tiempo solo celebraron la fiesta de la resurrección o Pascua.
Esta fiesta la celebraban de dos formas, una semanalmente cada domingo y otra solemne en forma anual.
 
Con el paso del tiempo, entre el siglo III y IV, pensaron que era necesario también celebrar el nacimiento de Jesucristo, y aunque la mayoría conocía el año de su nacimiento, desconocían el día exacto ya que no quedó escrito en ningún texto o documento.
Fue necesario escoger algún día significativo para celebrar su nacimiento por lo que se pensó que, como el sol es la principal fuente de luz, sería conveniente escoger una fecha en la que el sol pareciera vencer a la oscuridad, la noche más larga del año. El resultado fueron dos fechas y no una. La primera celebración se puede datar entre el año 320 y el 353.
 
En aquel entonces los cristianos habitaban en Europa, norte de Africa y medio oriente. Estaban divididos por regiones, oriente y occidente. En la región oriente se hablaba como lengua común el griego y en la región occidente el latín, por lo que incluso han llegado hasta nuestros días palabras en latín y en griego que utilizamos en el culto.
 
Fueron los orientales quienes comenzaron a celebrar la fiesta del
Nacimiento de Cristo a la que le dieron un nombre en griego: Epifanía, que significa “manifestación”, poniendo énfasis en que el Hijo de Dios se hacía hombre para darse a conocer a toda la humanidad, a todas las razas y culturas. Ellos escogieron la noche del 5 de enero y todo el día 6 porque creían que esa era la noche más larga de todo el año.
 
Por su parte, la iglesia de occidente, y concretamente Roma, eligieron
la noche del 24 de diciembre y todo el día 25. A esto influyó la creencia
de los antiguos romanos que en esa fecha celebraban el nacimiento del sol. La lengua utilizada en estos lugares era el latín por lo que la fiesta recibió el nombre de Natividad y finalmente Navidad.
 
Durante mucho años oriente y occidente celebraron el nacimiento de
Cristo con nombres distintos y en fechas distintas. Cada una tenía sus razones para hacerlo así, pero como era más conveniente poder celebrar el acontecimiento en una misma fecha, pronto se llegó a un acuerdo que permite iniciar las festividades de la navidad el 24 de diciembre por la noche y terminarlas el día 6 de enero.
 
En la fiesta del 24 y 25 de diciembre la reflexión se centra en admirar la grandeza de Dios que se hace hombre en la figura pequeña y desvalida de un niño. Se habla del cumplimiento de las diversas profecías que anunciaban que nacería en Belén, de la descendencia del rey David, que una virgen sería su madre y que una estrella indicaría su nacimiento.
 
En la fiesta del 5 y 6 de enero la reflexión se centra en que el amor de Dios se manifiesta y se entrega a todas las naciones sin excepción alguna. Esto se fortalece con la narración de los reyes magos que vienen de diversas regiones no judías para adorar al niño. Uno le ofrece oro reconociéndolo como rey, otro incienso reconociéndolo como Dios y finalmente otro le ofrece mirra que, por se utilizada para embalsamar a los difuntos, le hace reconocerlo como alguien que morirá para salvar a la humanidad.
 
Como en todas las fiestas, poco a poco la celebración de la Navidad se fue enriqueciendo con elementos y símbolos. Uno de los primeros elementos fue la celebración de la misa por la noche. Si bien es cierto que en aquellos tiempos sólo se celebraba la misa por las mañanas, en ocasiones muy especiales como la Pascua y la Navidad se comenzó a celebrar por la noche para que el significado de la luz fuera más claro. Los cirios se fueron utilizando cada vez más hasta que se colocaron en todos los hogares como signo de la luz de Dios y la presencia de Cristo.
 
Después ingresó el color morado como un signo de preparación y purificación. La razón de este color la encontramos en una práctica para teñir la ropa. En tiempos del imperio romano los colores de la ropa fácilmente se despintaban y sólo uno permanecía sin decolorarse: el morado o púrpura. Sin embargo este color era muy difícil de obtener y por lo tanto muy costoso. Para obtenerlo se tenía que buscar una especie de molusco que habita dentro de su concha en el mar. Cada uno de estos, emite una especie de baba que al entrar en contacto con la ropa deja una mancha imborrable. Se necesitaba una gran cantidad de moluscos para poder teñir un manto, tanto así que este color era utilizado solo por las personas que tenían muchos recursos económicos e incluso color oficial del emperador. Una frase de la escritura dice:
“aunque mis pecados sean como la púrpura, tú, Señor los harás más blancos que la nieve”. Inspirándose en esta frase se pensó que en las etapas de preparación a las fiestas importantes, como Navidad y Pascua, el color morado significaría que poco a poco Dios iría purificando a quien tuviera una actitud de cambio.
 
De lo anterior se desprende el color de las velas de la corona de adviento, que aunque pueden ser todas del mismo color, en algunas ocasiones se utilizan de color más oscuro a más claro para indicar la purificación paulatina, así se inicia con el color morado, se pasa por el rojo y el rosa hasta llegar al blanco. La corona de adviento tiene la forma circular para indicar la regeneración o resurrección que ofrece Dios y la unidad entre los cristianos
 
Otro elemento que se integró a los símbolos fue el pino y sus piñas de donde surgen las semillas. Si tomamos en cuenta que en el invierno la mayoría de los árboles pierden su follaje dando la impresión de que se secan y mueren, el pino ofrece una visión distinta. A pesar del frío o de la nieve siempre se mantiene verde y nunca pierde su follaje. Esto hizo que algunas culturas lo hayan considerado un árbol sagrado o mágico  y pronto los cristianos lo tomaron como un signo de la eternidad que ofrece Dios al hacerse hombre.
Es interesante mencionar que encontramos la presencia del pino y el ciprés como signos de vida eterna en sarcófagos del siglo IV en las catacumbas de Roma. Una piña gigante, perteneciente al pino, de más de 3 metros de altura estuvo en el atrio de la antigua Basílica de San Pedro desde el siglo IV hasta el siglo XVI.
El pino también hace referencia al tronco de Jesé mencionado en la sagrada escritura, en la que se alude a la descendencia del rey David, ya que Jesé es el padre de este rey.
 
Tomando en cuenta que en Navidad los cristianos celebran que Dios les ha dado el mejor regalo: su propio hijo, Jesucristo, es costumbre que se haya intercambio de regalos entre los seres queridos. En el tema de los regalos, son los niños quienes reciben una atención especial, ya que, como niños reflejan la presencia del niño Dios que recibió regalos de los pastores y los reyes.
 
Los obsequios de los reyes los podemos encontrar mencionados en el
Evangelio, pero más allá del Evangelio aparece la figura de un santo que fue obispo: San Nicolás, que por haber dedicado su vida a ayudar especialmente a los niños pobres, es considerado benefactor de los niños. Es conocida por todos la ocasión en que, para ayudar en forma secreta a unas mujeres pobres, les dejó la ayuda en las calcetas que se estaban secando cerca de la chimenea, de aquí la costumbre de colocar los calcetines o botas para recibir regalos.
 
Cada región del mundo ha añadido a estas fiestas su propio toque de distinción de tal manera que mientras en Europa es más importante la comida del día 25 en otras regiones como México es más importante la cena de nochebuena. En Europa, en los lugares que existen las castañas, éstas llenan con su aroma, sabor y calor las calles y casas. En Italia se acostumbra comer el “Panetone”, especie de panqué, y brindar con vino espumoso.
Fue también en Italia, donde San Francisco de Asís realizó por primera vez la representación viviente de un nacimiento y gracias a los franciscanos se extendió esta costumbre a otros países. En  Alemania, Francia, España y Estados Unidos son tradicionales los conciertos de villancicos.
 
Retomando el tema del nacimiento, es necesario decir que la primera representación de Cristo niño, acompañado de María, los pastores, la mula y el buey, se remonta a un sarcófago que se data entre los años 320 y 330 conocido como sarcófago de Claudiano. La escena se repite durante un siglo más en varios sarcófagos que van integrando nuevos elementos. La primera representación de los magos llevando sus dones al niño la encontramos en la llamada “capilla griega” en el interior de las catacumbas de Santa Priscila en Roma en el siglo III. Posteriormente la imagen de los magos se añadirá al esquema anterior. Finalmente el esquema presentará a María y José, magos y pastores, mula y buey. Si bien estos animales no son mencionados en el evangelio ¿por qué desde tiempos tan antiguos aparecen en la representación del nacimiento? La respuesta la da, por una parte el libro del profeta Isaías en el capítulo 1, versículo 3, donde se menciona que la mula y el buey reconocerán a su Señor; pero sobre representan la universalidad de la salvación, ya que el buey, por se un animal de carga, representa al pueblo judío que ha cargado el yugo de la ley, mientras que la mula, por se un animal impuro, mezcla de asno y caballo, representa al pueblo no judío, a los gentiles o paganos, en otras palabras a todos los pueblos que no son judíos. San Francisco de Asís en el año 1223 representó en forma viviente un nacimiento en Greccio, Italia, y de allí surgió la idea de hacer representaciones del nacimiento.
El nacimiento no falta en las casas mexicanas y actualmente lo podemos encontrar en diversos materiales como barro, cerámica, papel, hoja de lata, hojas de maíz, etc.
 
México ha aportado a la Navidad la flor de nochebuena, originaria de nuestro país y las posadas, novenario festivo que se inició en el convento de Acolman, cercano a Teotihuacan. Aunque las piñatas tuvieron su origen en China y pasando por Italia llegaron a México, fue aquí en donde alcanzaron su mayor colorido, uso y significado. Las pastorelas, como teatro evangelizador añadieron nuevos personajes a los mencionados en las escrituras y permitieron que tanto niños como adultos comprendieran el significado de la Navidad. Estas presentan al demonio que intenta evitar que los pastores y hombres en general hombres conozcan a Dios, para ello se vale de todo tipo de trampas y tentaciones, pero finalmente los ángeles logran vencer al maligno. A lo largo de los tiempos las pastorelas reflejan la gracia, alegría, humor e incluso picardía del mexicano, que a cada cosa da su toque especial.
En España y México son los reyes magos quienes dan regalos a los niños.
En Estados Unidos y algunos países de Europa esta tarea corresponde a San
Nicolás con el nombre de Santa Claus. En Italia  es la “Befana” (derivación de la palabra Epifanía) quien trae los obsequios.
 
Desgraciadamente para algunos, la Navidad se ha convertido únicamente en un momento de comercio y excesos desmedidos, pero afortunadamente para la mayoría la Navidad es ocasión para que mediante la reflexión, el perdón, el deseo de paz, la generosidad, la ayuda a los necesitados, y sobre todo la oración y el amor, sintamos y creamos que Dios sigue viviendo en medio de nosotros, de tal forma que podamos decir “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
 
 
 
Agradeciemto Personal:
Agradesco al Pbro. Jóse de Jesus Aguilar por la información proporcionada y que se ha presentado en este espacio con fines informativos tal cual fue resivida.
 
 
 
Atte:
HSIEN – KO

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